divendres, 27 de novembre de 2009

Notulae. Notas de archivo – 2.

Una Magdalena no del todo arrepentida

En la literatura y el arte del XIX hay un género muy típico – a veces con ribetes anticlericales- , que recibía el nombre de “Las delicias del claustro”. Frecuentemente se trata de pinturas, más ingeniosas que artísticas, que representan a frailes gordos y risueños comiendo chocolate o catando vino en la bodega o tocando la pandereta. Recuerdo un cuadro de este género que me hizo mucha gracia por lo cómico del caso: un “sportman” vestido con un ajustado maillot a rayas, tras un percance con su globo aerostático, ha tenido que aterrizar de emergencia en el claustro del monasterio de las benedictinas de Girona, con gran susto de las monjas que huyen despavoridas; aunque alguna más joven no se resiste a mirar atrás y a reírse por lo grotesco de la situación. Se parece un poco a lo que me sucede muchas veces cuando husmeo mis notas de archivo. Las que más me gustan son aquellas que encierran “mensaje” sobre la condición humana, las que reflejan el choque de opiniones diversas y adversas y también las que relatan peripecias divertidas y graciosas. La historia que voy a relataros tiene algo de todo esto y debe leerse con una sonrisa algo guasona, porque así es como la he escrito.

El P. Antoni M. Marcet (1878-1946) fue elegido abad de Montserrat en diciembre de 1912 y a principios de febrero de 1913 ya le vemos enfrascado con el marchante Giuseppe Gonella en asuntos de adquisiciones de cuadros y objetos artísticos en Roma. Era algo que llevaba en la cabeza desde el principio. Entre los cuadros que el joven abad Marcet había avizorado en su viaje a Roma durante la primavera de 1913 se hallaba uno que representaba una Magdalena penitente, de medio cuerpo, que le había impresionado. El P. Bonaventura Ubach (1879-1960) era compañero de promoción del nuevo abad y mediaba entre ellos una mutua y cordial confianza, de modo que Ubach, que residía en Roma desde julio de 1913 en calidad de profesor de lenguas orientales en el Colegio Internacional Benedictino, se convirtió en el principal agente del abad de Montserrat en Roma para toda clase de gestiones, y también para la adquisición de cuadros. Trascribo los cuatro primeros documentos que tengo a mano y que se refieren al tema que nos ocupa

Carta del P. Ubach al abad Marcet
Roma, 10-XII-1914

He vist al Sr. Gonella y m’ha dit li fes saber que tenia ja restaurats dos cuadros d’en Solimena, reproduccions de dos escenas monàstiques qu’s troven en el Monastir de Mont Cassino. També m’ha dit que la Magdalena y la Cena li cediria per 2.300 L. Fassi lo que vulga, jo no li aconsello que’ls compre ni que deixe de comprarlos. Si vol, un altre dia ja li diré lo que penso d’aquella Magdalena.




Carta del P. Ubach al abad Marcet
Roma, 5-I- (1914 sic) 1915

Passem ara a la Magdalena d’en Gonella. Dues o tres voltes l’he ja vista y sempre m’hi he quedat extasiat. No’m cansaria jamay de mirarla. Però, per ésser breu no més li diré que també me quedo extasiat mirant la Venus del Capitoli. Vull dir que pera mi aquella Magdalena és una obra perfectíssima d’art con tantes altres en què l’home de nobles sentiment sap delectarshi innocentment, però que no enlayren tant aviat ni tant directament el cor a Déu com per ecs. una Immaculada de Murillo. És veritat qu’aquella Magdalena té la mirada fixa al St. Crist, però, vamos, que tot mirant el cuadro confirma encara una vegada més allò de què “Les Magdalenes les pinten sempre un xich encara pecadores”. Li repeteixo qu’és hermós, molt hermós; a V. P. li inspira sentiments verament celestials, a mi està molt lluny d’inspirarme’n cap de dolent, però no sé perquè em sembla que col•locat el quadro davant una reunió de persones religioses de diverses complexions y d’humors més o menys diferentment equilibrats, moltes d’aquestes persones no prodrian ficar-hi pas massa temps la llur mirada candorosa. No hi ha dubte de què una de les coses més hermoses de la natura és la cara de certes dones, obra de Déu que supera infinitament totes les produccions més artístiques que l’home hage pogut produhir, y no obstant tots sabem, que donat la nostra naturalesa després de la prevaricació del nostre primer pare, tots qui més aviat qui més tart, n’hem d’apartatne amb més o menys dissimulo la nostra mirada. Y per no ferme massa pesat, lo que intento dirli ab tot això és que segons lo meu pobre parer (que V. P. vol que li expose) jo crech que no val la pena de pagar massa car lo que no és prou segur si serà del gust espiritual de tothom, y que no fora estrany que fes desmerèixer devant de algunes persones la bona reputació que V. P. té adquirida de exquisit gust artístich per la felisa compra dels altres cuadros que gràcies a V. P. adornan bellament nostre monestir. Ficsis bé en lo que li dic de comprar massa car, puig si la Magdalena podia obtenirse relativament a bon preu, sobretot un preu que no tingués que expressarse ab quatre xifres, fora verament una bona adquisició. I res més, sinó que’m dispensi la franquesa, puig moltes vegades li parlo com a P. Antoni i no com a P. Abat i sàpiga que ab tot lo dit estic molt lluny d’oposarme a la compra del cuadro coste lo que coste, si aquest és del gust de V. P.

Carta del P. Ubach al abad Marcet
Roma, 27-VIII-1915

Ahir vaig estar a casa del Sr. Gonella per veure altra volta els cinc quadres: la Magd., Cena, S. Antoni i dos escenes de M. Cassino, més dos altres cuadrets, per tot lo qual demanava 2.700 L. Li he dit que era molt car encara i que li mostraria el meu S. Geroni de Ribera (65 L.)...

Carta del P. Ubach al abad Marcet
Roma, 1-IX-1915

A la fi després de tres llargues entrevistes ahir a la tarde quedà conclòs el contracte de compra dels quadres: Cena, Magdalena, S. Antoni, 2 bocetos benedictins, cuadrets de S. Benet i S. Bernat, que tenia el Sr. Gonella, per la suma de 1.700 L. Semblava quasi impossible poder convenir sobre un preu inferior a 2.000 L., però a l’últim he pogut lograr que rebaixés encara 100 més, o sia un total de 800 L. menys que l’últim preu de 2.700 L. que per tal oferia últimament. Meno male... Me sembla que V. P. quedarà suficientment content del affare. Per demés tampoc ningú podrà dirme que hi escanyat al Sr. Gonella ni a ningú que sia, puig és el cas que dit Sr. se trovà ben content cuan se vegé a la mà la dita cantitat i me donà més d’una volta les gracies. Ell o la família propietària volien en un principi guanyat 10, i ja poden estar contents si n’hi han guanyat 3 o 4.

Comentarios

• Notemos que la mente conspicua que dirigía la operación era el abad Marcet y que el P. Ubach más bien iba a remolque. Sin embargo Ubach era un hombre muy pragmático, con bastantes años de residencia en Oriente y conoce el arte de regatear hasta lo indecible. Expone al abad los motivos “morales” que podrían desaconsejar la adquisición de esa bella i tentadora Magdalena, pero prevé que si el precio no fuese demasiado alto – que no llegue a las cuatro cifras y de eso se encargará él – podría tratarse de una buena inversión.

• El abad Marcet en aquellos primeros años de su gobierno se sentía seguro y con ánimos innovadores. La llegada de Benedicto XV al pontificado romano presagiaba unos nuevos tiempos más abiertos y menos tensos que los del final de Pío X, caracterizados por la represión antimodernista. El joven abad conocía bien los monasterios italianos y sabía que las personas sanas pueden convivir pacíficamente con obras de arte que tienen por tema mujeres escotadas. El P. Ubach, que durante sus estudios y larga permanencia en Jerusalén se había integrado perfectamente en el clero melquita, carga excesivamente las tintas; y viendo la imagen en cuestión, uno concluye que no hay para tanto y que la comparación de esa Magdalena con la Venus Capitolina es a todas luces desproporcionada.

• Para la comprensión de las circunstancias de estas compra-ventas será preciso tener presente que en el verano de 1914 había estallado la Primera Guerra Mundial, en la que Italia intervenía al lado de los Aliados y contra Alemania y las potencias centrales. España se declaraba neutral. La situación de guerra explica la saturación del mercado del arte, a causa de la necesidad de familias de cierto abolengo que necesitaban liquidez, y también el desplome de los precios y el valor sólido de la peseta frente a las monedas de los países en conflicto.

• Las atribuciones de los cuadros mencionados son todas falsas o infundadas e igualmente algunas informaciones referentes a las procedencias. El marchante las utilizó para vender la mercancía al mejor precio posible, sin embargo como no había de por medio ningún asesor o experto de probada competencia, las atribuciones del marchante sirvieron de base para la primera recensión de las obras a su llegada a Montserrat y para los posteriores estudios.

Las vicisitudes de la bella Magdalena en Montserrat

Una vez satisfecho el debido pago, una empresa de transportes – habitualmente Transports Internationaux Arthur Bolleger & Cº – se ocupó de llevar todo el material a Montserrat, pero no hay constancia de la fecha exacta del desembarque. Lo cierto es que al publicarse la lista de las adquisiciones artísticas de 1917 procedentes de Roma, consta nuestro cuadro entre los que habían llegado con anterioridad. El autor de la relación era el P. Anselm Ferrer (1882-1969), que era – fue – un músico y compositor eminente, pero esto no le garantizaba que fuera un entendido en pintura italiana. Nuestra Magdalena es descrita así:

«Analecta Montserratensia», 1, 1917, pp. 338-340

Santa Magdalena (65 x 100 cm), firmat per Le Mura pintor italià no gaire conegut. Aquesta Magdalena com totes les dels bolonesos, és una jove de carns fresques i rosades, amb llarga cabellera rossa; i si no té la noblesa d’altres conegudes, és, però, d’excel•lent execució, i de molt bells tons, conservats com si el quadre fos recent.

Cuaderno mecanografiado del P. Gusi, seguramente de 1931.

Se trata de una libreta de 18 cuartillas mecanografiadas que redactó en catalán el P. Gusi, cuando era el encargado o conservador del patrimonio artístico de Montserrat. En ella se consignan los cuadros que se hallan a la vista, con un pequeño comentario, como si se tratara de un guión que un cicerone ha de saber para guiar una visita por el interior del monasterio. Seguramente lo escribió en 1931, con motivo de las Fiestas del Abad Oliba. De nuestra Magdalena se dice:

Cambra Episcopal – A l’avantcambra. Sta. Magdalena... Le Mura. De gran apariència, composició fluixeta (pàg. 9)

Borrador de un listado de obras artísticas, redactado hacia 1948

Nº 21. Mura, Le- Sta. Maria Magdalena penitent, tela. (tachado con lápiz y añadido): Venut per 10.000 pts. en 1944.

Comentarios

• Gonella había restaurado el cuadro antes de entregarlo y seguramente en la operación apareció la firma o mejor el monograma del autor en el papelito que sobresale del libro. En los tratos previos de adquisición nunca se mencionó el nombre del pintor de esta obra. Fue en la reseña publicada en la revista de cultura de Montserrat donde se publicó por primera vez la fotografía del cuadro, enmarcado en una moldura antigua, se dan además las medidas y se indica el nombre del autor mal leído y mal trascrito: Le Mura, al que el relator, equivocadamente, considera boloñés. Se refiere, sin duda al napolitano Francesco de Mura (1696 - 1782). Pero el primitivo error fue persistente y no se desvaneció mientras el cuadro estuvo en Montserrat.

• Hay que subrayar que este cuadro no fue relegado a las tinieblas por libidinoso e indecente, como creía el timorato P. Ubach, sino que se les presentó con total normalidad al lado de las otras pinturas que se creían de mérito. Sin embargo el presentador oficial no se abstuvo de mencionar “las carnes frescas y rosadas y la larga cabellera rubia” de la fémina en cuestión. También me llama la atención que el P. Gusi, tan perspicaz en otras ocasiones, no hallara nada merecedor de su interés en esta Magdalena y no se molestara en indagar quién era su autor. Curiosamente antes de la Magdalena ya habían llegado a Montserrat dos obras del taller de Francesco de Mura, una Cena y una Gloria de santos de la Compañía de Jesús, que ingresaron con los prestigiosos nombres de Luca Giordano y Solimena respectivamente. La obra de De Mura que tenía más probabilidades de ser auténtica era precisamente aquella Magdalena de las carnes frescas, que colocaron, no en los corredores principales, los más transitados por los monjes y visitantes, sino en la antesala de la cámara episcopal, donde había que ir ex profeso y donde eran alojados los huéspedes más distinguidos.

• Sobre la autenticidad de este cuadro, no puedo pronunciarme, ya que no entra en mi especialidad. Cuando expliqué el caso de esta Magdalena a la Dra. Liliana Barroero, profesora de pintura del XVII en la Sapienza de Roma, me contestó con un evasivo “può darsi”. Por una fotografía antigua que es lo única imagen que poseemos de esta obra, nadie puede emitir un juicio con certeza. Sólo diré que el cuadro parece bueno y que quien lo compró por 10.000 pts. en 1944, pagó el precio de un cuadro de gran valor. Hay que tener presente que en la fecha en que dieron de baja a esta Magdalena, el P. Gusi continuaba ejerciendo sus funciones de conservador del patrimonio artístico de Montserrat, pero quien gobernaba la casa era ya el abad Dom Aureli M. Escarré. Eran unos tiempos en que Montserrat y su Estudio de Arte estaban altamente empeñados en la reforma y modernización del arte litúrgico tras los desastres de la Guerra Civil y en aquel ambiente, algo “mesiánico” y de grandes ideales, nuestra pobre Magdalena no pintaba casi nada. ¡Fue una lástima que la echaran de casa por 10.000 pesetas, por muy pecadora que se les antojara! Si hubieran tenido un poco de indulgencia y menos afán de líquido, seguramente nuestra Magdalena se hallaría hoy entre los cuadros mejores del Museo de Montserrat y con un buen estudio monográfico, porque se lo merece. Es una pintura agradable y de mérito, no sólo por el tema, como ya lo adivinó a primera vista el P. Ubach, sino sobre todo porque tiene todos los visos de ser una excelente pintura, obra de mano maestra.

En la rebotica del Museo de Montserrat, os he contado la historia de uno de esos errores históricos irreversibles que un director de museo, como soy yo, no puede menos que deplorar toda la vida. No sólo aquí, en Montserrat, sino en todos los museos del mundo, los casos como estos desgraciadamente son abundantes. En mi caso, constituye un episodio más de las “delicias y tribulaciones” del claustro.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

Hola Josep, he llegit amb interès això que expliques i vull fer-te un parell de remarques. M'he estat mirant el quadre de la Magdalena i potser no és tan bo com et penses, jo el trobo una mica dur en algunes parts. Una altra cosa que m'estranya és que aquest quadre hagués provocat un cert rebuig per motius "morals", en canvi vaig veure al museu un altre de molt més eròtic i de més qualitat que el de la Magdalena; em refereixo al del vell que mama, com és que no vàreu treure de casa aquest quadre??.
Juli Negre

Anònim ha dit...

Aprendi mucho