dijous, 24 de febrer de 2011

Notulae. Notas de archivo - 05

El enigma de las Vírgenes negras

Escribo estas líneas un poco furioso, porque ya empiezo a estar cansado de tantos mensajes y consultas sobre las Vírgenes negras, entre las que la de Montserrat resulta uno de los casos más paradigmáticos. Por eso me llaman. Lo primero que me sale del alma es decir que todo eso es una especie de cuento chino (con perdón de los chinos que son absolutamente ajenos a ello). Me explico.

Todo ese planteamiento de las Vírgenes negras es un subproducto cultural que empezó a surgir a finales del siglo XIX, que tuvo un cierto auge a mitad del XX y que aún colea ahora y hasta revive en ambientes propicios al esoterismo y a la mezcla indiscriminada de interpretaciones multidisciplinares, que no resisten análisis físicos ni documentales. ¡Un bodrio!

En la iconografía cristiana antigua no hay vírgenes negras, ni cristos negros, ni ángeles ni santos negros. El color negro se reserva para el demonio o para los tártaros o los bárbaros. No encontrarán Vírgenes negras en los libros miniados, ni en mosaicos, ni en los frescos de las Catacumbas o de las iglesias, ¡ni en los museos! El fenómeno de las “Vírgenes negras” afecta solamente a algunos iconos de tradición oriental y a algunas imágenes de bulto, que se encuentran en las iglesias desde siglos y que son objeto de gran veneración. La causa de la tez negra de estas imágenes no reside, pues, en una iconografía especial, sino en la veneración de que son objeto.

Todos los historiadores del arte saben lo que representó la querella iconoclasta en Oriente, durante los siglos VIII y IX, y cómo a raíz de ella empezaron a salir iconos de la Virgen que alegaban ser obras antiquísimas, pintadas por el mismísimo evangelista san Lucas. La presunta categoría apostólica de esas imágenes comportaba un respeto sagrado por su antigüedad, de ahí la valoración de su ennegrecimiento, que unas veces era natural y otras, provocado. Este fenómeno se traslada también a Occidente, sobre todo al final de la Edad Media y más todavía en los siglos XVI y XVII, cuando en el fragor de la querella antiprotestante, reviven las leyendas medievales. En el siglo XIX, bajo el signo del romanticismo que amaba sobremanera todo lo antiguo, la devoción popular periclitó hacia lo exótico, muchas veces contra la opinión del clero ilustrado, y el culto hacia esas imágenes “negras”, suscitó grandes entusiasmos, sin que nadie diera explicaciones racionales de ello. ¡La razón podía desvanecer el hechizo!

Los ejes históricos de las Vírgenes negras son estos y no van más allá. Los prototipos, si son antiguos, nunca fueron negros. Se lo volvieron con el tiempo y fueron valorados y venerados en tanto que testimonios de una antigüedad. Todo lo que se dice y publica proponiendo a las Vírgenes negras como sucesoras de la diosa Tetis, o de las telúricas diosas madres, o relacionándolas con las cruzadas y los ritos templarios, los cátaros, la masonería, los extraterrestres y otras fantasías por el estilo, no merece consideración académica.

Os transcribo la recensión que publicó la Revue d’Histoire Ecclésiastique, de la Universidad de Lovaina, referente a la obra de J. HUYNEN, L’énigme des Vierges noires, uno de los principales agitadores culturales de este fenómeno:

« Il faut dénoncer le néant de cet ésotérisme de pacotille. On se demande à quel niveau est tombé le publique pour assurer les succès de tels ouvrages et de telles collections que ne vendent que du rêve et du vent, sous couleur de dire la vérité que nul jusqu’ici n’a osé dire : Le niveau d’Asterix, mais avec cette fâcheuse différence que cela n’est pas drôle et se prend au sérieux » (Hay que denunciar la vaciedad de este esoterismo de pacotilla. Uno se pregunta a qué nivel ha llegado el público para asegurar el éxito de tales obras y de tales colecciones que sólo venden sueños y viento, bajo el pretexto de decir la verdad que nadie, hasta ahora, se ha atrevido a decir: el nivel de Astérix, pero con esta desafortunada diferencia, que eso no es broma y que se toma en serio).

Por lo que concierne a la imagen de la Virgen de Montserrat, hicimos unos análisis físicoquímicos de la imagen en 2001 a cargo del Departamento de Restauración de Bienes Muebles de la Generalitat de Catalunya, cuyos resultados, acompañados de varios estudios históricos, fueron publicados en 2003, en un libro que está a disposición de los interesados en la materia.

Hay una capa transversal de población que abarca a gente de derechas y de izquierdas, creyentes, agnósticos y ateos, gente de pocos estudios o de estudios no sistematizados, a quienes les gustan más los cuentos que los análisis, que no leen ni atienden a los datos razonables, sino que buscan lo exótico y esotérico por sistema. A veces, cuando me vienen con estas historias, pienso que merecen que les engañen como a chinos (con perdón otra vez de los chinos), porque lo que necesitan no es información sino formación y limpieza de mente y de intención. Se nota que soy un espécimen universitario de los que vivieron con pasión los años setenta y ochenta ¿verdad?




1 comentari:

Jordi Pujol Soler ha dit...

Un post molt clarificador i formatiu: com s'agraeix aprendre coses noves!! Pare Laplana, efectivament dona un punt de vista universitari, no crec que li publiquin a revistes de curiositats pseudoespirituals o esotèriques.