dilluns, 14 de febrer de 2011

Pensierini o cartas a Carlitos Novotny - 9

Sobre metodología de trabajo – 2 . Profesores de ida y de vuelta

Sí, Carlitos Novotny, ya sé que lo prometido es deuda y que lo que te expliqué en la carta anterior son cosas curiosas, pero que a ti no te afectan de modo inmediato. Lo que voy a explicarte ahora seguramente te será más útil, porque voy a hablarte de los profesores a partir de mis experiencias, como hago habitualmente.

Un claustro de profesores es siempre una pequeña galaxia. Hay de todo. A unos les caes bien, a otros no tanto, y para la mayoría eres uno más al que apenas prestan atención. Uno ha de saber situarse y, según los intereses académicos personales, ha de procurar establecer contactos naturales para que se produzca no sólo una transmisión de conocimientos, sino también especie de “transfusión” de saber o de sabiduría. De profesores buenos, lo hay de dos maneras, o mejor dicho, hay profesores que se hallan en dos fases: los que están de ida y los que están de vuelta. Los dos son necesarios y los dos pueden ser excelentes. Me explicó esto el Dr. Pere de Palol, uno de los catedráticos de la Universidad de Barcelona que más me marcó intelectualmente. Conocí a Palol de manera casual en 1968, cuando inspeccionaba las excavaciones de la basílica de los siglos IV- VIII de Bovalar, en Serós, y era catedrático de arqueología paleocristiana, la única cátedra de esta materia había en España, en Valladolid. Cuando llegué a Barcelona, la Universidad ya había creado una cátedra de paleocristiano para Palol, y naturalmente me matriculé en su asignatura en 1972.

Los profesores de ida se caracterizan por su autoexigencia científica y por la avidez de saber todo lo que concierne a su materia, lo que se investiga, lo que se publica, los nuevos frentes que se abren y también las confrontaciones interpretativas de los datos aportados en el mundo de los especialistas. Normalmente los buenos profesores de ida transmiten pasión por la asignatura al tiempo que inoculan el “vicio” de la duda sistemática y la alergia hacia las verdades demasiado ciertas y las pruebas contundentes que pretenden establecer tesis inamovibles. El alumno que se entrega intelectualmente a un profesor de este tipo en un primer momento experimenta inseguridad y una especie de mareo, pues nada es lo que parece y hay analizar menudamente todos los datos, y esto resulta agotador. Concluir un trabajo o una tesis con un resultado que pueda calificarse como hipótesis altamente probable es un gran éxito. Si la conclusión es “bastante probable”, es también un trabajo muy meritorio; si la probabilidad alcanzada se basa en que hay pruebas que afirman y otras que niegan, es también un trabajo honesto, bueno y útil. Pero, ¡ay Carlitos!, si alguien pretende forzar las pruebas a base de retórica y acumulación indigesta de indicios vagos, dispersos y hasta contradictorios, hábilmente camuflarlos, para sacar una conclusión fulminantemente “cierta”, un buen profesor que se precie, de inmediato tirará ese trabajo a la papelera, y si lo publican, peor para el autor del engendro y para la institución que lo avala, pues quedarán descalificados en el mundo académico. Los alumnos que perseveran junto a un profesor de esta especie y que asimilan ese espíritu que a la par de riguroso y crítico quiere ser altamente responsable, tienen posibilidades de llegar lejos en el campo de la investigación; están en el buen camino.

Los grandes profesores son aquellos que en su día fueron “de ida” y llegaron lejos con una tesis doctoral publicada y una cantidad ingente de trabajos monográficos que han aportado datos importantes al mundo académico. Pero a medida que crece su bibliografía y sus años, les llega un momento en que sienten la necesidad imperiosa, no sólo de investigar y aportar novedades, sino de hacer una síntesis de lo que saben, ya sea una síntesis personal o mejor aún, sumándose al conjunto de investigadores con los que sintoniza y “rediseñar” con ellos, desde ángulos diferentes pero complementarios, el panorama científico que vislumbran. Estos son los buenos profesores que “están de vuelta”. No hablan ya de “batallitas” propias, como los de ida, sino que en todas sus lecciones se asoma una visión personal de la globalidad de la materia, que sorprende por su grandeza. Los datos científicos concretos que ellos u otros aportaron, aunque aisladamente no pasen de ser hipótesis probables o muy probables, en esta panorámica amplia y luminosa encuentran un encaje sólido, y de todo ello se deriva una sensación de racionalidad que genera certeza.

El profesor que está de vuelta no precisa de una preparación minuciosa de sus lecciones; habla por desbordamiento de lo que él ha asimilado a lo largo de los años de estudio. No solamente enseña la materia que le toca, sino que coloca a sus alumnos – sobre todo a los aprovechados, porque los que no lo son ni se dan cuenta de que tienen un maestro extraordinario – bajo un firmamento de autoridades morales, de investigadores eminentes de nivel internacional, que les permitirá avanzar seguros, sin miedo a perderse en la gran selva de cuestiones fútiles y de publicaciones inútiles. Con un profesor que está de vuelta se aprende el quién es quién, y uno adquiere también, casi por ósmosis, una especie de baremo para enjuiciar científicamente las aportaciones propias y ajenas; es una especie de olfato que aumenta en finura con los años y que permite clasificar opiniones y opinantes con bastante rapidez y acierto.

Sin embargo debo decirte, Carlitos Novotny, que todo lo que acabo de decirte es muy relativo. Cada uno hace lo que puede y como puede. Las dos tipologías de profesores eminentes que te he descrito existen. En la Universidad de Barcelona de los primeros años 70 tuve profesores que daban el perfil del “de ida” y del “de vuelta”. El Dr. Palol que yo tuve de profesor en Barcelona era “de vuelta”, en cambio siempre juzgué a Alexandre Cirici Pellicer como un profesor “de ida”, y de manera instintiva nunca le llamamos “Doctor” sino “Profesor”, sin que ello significara menoscabo. Era un profesor de “novedades”, que etiquetaba con gran acierto y que nos enseñaba a vivir con los ojos abiertos a los que sucedía en nuestro entorno y en los grandes centros de producción artística. Pero en realidad cada personaje docente tiene un porcentaje de uno y de otro, eso es lo normal. Y también es normal que el alumno, cuando entra ya de lleno en el mundo académico, con cargo docente en la universidad o con responsabilidades institucionales y con publicaciones frecuentes y lecciones o participaciones en congresos internacionales, emprende un camino propio que le llevará “de ida” a ir más lejos o por derroteros bien distintos de los que le indicó su admirado maestro que estaba ya “de vuelta”. Las casi certezas de otros tiempos se resquebrajan y nuevas aportaciones vienen a desestabilizar la tranquila coherencia de tiempos pasados. El paisaje de las ciencias humanas es variable por naturaleza y las cartas de navegación, por las que uno se rige, no sólo son diferentes según el rumbo que uno determine, sino que se encuentran en cambio constante y sin un norte fijo. Por eso, Carlitos, estos consejos y explicaciones que te estoy dando, debes tomártelos también con la debida cautela, sabiendo que no son sillares fijos donde asentar tu vida intelectual, sino más bien lecciones útiles para estimular y orientar una etapa de tu camino.

Te he hablado de profesores de ida y de vuelta. También tendría que hablarte, pero no lo haré extensamente, de los profesores que nunca fueron a ninguna parte y que nunca volvieron de ningún sitio, puesto que nunca se movieron de su castillo, por pereza mental o simplemente por anquilosamiento sistemático. Pueden ser de derechas o de izquierdas, catalanistas o españolistas, religiosos o ateos, tanto da. Son profesores porque supieron aprobar exámenes y oposiciones brillantemente a base de decir lo que toca y cuando toca, pero jamás han tenido pensamiento propio ni han creído oportuno ni necesario tenerlo. Como a algunos políticos, les bastó con ser obedientes a los dictados de quienes son los dueños de la situación. Estos profesores repiten como loros lo apuntes que tomaron en su momento y los condimentan adecuadamente con alguna actualización para simular modernidad. Lo que publican no tiene tras de si horas de archivo o biblioteca ni datos demasiado precisos, sino que más bien son delantalitos de retazos, traducidos del francés o del alemán, hábilmente cosidos. Se les nota que son papagayos porque hablan con eslóganes repetidos y apenas matizan sus aserciones. Pueden ser amenos por dicharacheros o plúmbeos por su falta de imaginación, de todo hay, pero son indefectiblemente dogmáticos, sarcásticos, pagados de sí mismo, intolerantes y muy a menudo plagiarios. Guárdate, Carlitos Novotny, de estos profesores que no son ni de ida ni de vuelta, porque son peligrosos. Todo su ingenio lo invierten en hacerse valer por lo que no son y pueden llegan a ser agresivos, castrados y castradores. Siempre ha habido profesores de esta calaña y siempre los habrá, porque la universidad es un reflejo de la sociedad. Hay que saber convivir con ellos sin dejarse influenciar ni prestarles más caso que el que les corresponde como encargados de impartir su materia.

Lo que importa a un universitario como tú, que aspira a trabajar en el mundo de la investigación, es establecer relaciones provechosas con aquellos profesores que pueden enriquecer tu universo intelectual y aprender de ellos, de los de ida, el afán de encontrar datos nuevos, y de los de vuelta, una sabiduría que tú tendrás que personalizar y que te permitirá insertar tus conocimientos para que éstos tengan vida y sean provechosos para ti y para los que se te acerquen a lo largo de tu carrera. Si amas la verdad y la buscas diligentemente, y además eres un poco cariñoso, tu vida intelectual será gratificante y fecunda. Te lo aseguro, Carlitos.

1 comentari:

Rosa Maria ha dit...

Genial!...m'ha encantat!. Quina sort poder trobar persones com vosté que saben expresar tan acertadament el que un pensa o intueix però no ho sap estructurar. Està clar que, és un professor "de vuelta", ja m'agradaria que aquest país es proveís de professors com vosté, no tindrIem els problemes que tenim tan greus de baix nivell educatiu. Es passen el dia parlant del fracàs escolar i jo veig que el problema el tenim amb aquests professors que no són "ni de ida ni de vuelta"...difícil de lliurar una guerra quan l'enemic és dins teu!....per cert, vaig llegir l'Oratori de Sant Felip Neri de Barcelona... la plaça, el convent dels fellipons, els verals i la seva història em fascinen!...felicitats!. Rosamaria.